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Monkey Business

by en 23 agosto, 2011

Al plantearme escribir una reseña después de haber visto El origen del planeta de los simios, dudé. Hay películas de las que, en mi opinión, es totalmente innecesario escribir una crítica y ésta podría ser una de ellas. Porque al fin y al cabo se trata de un film que, no por casualidad llega a nuestras pantallas en plena canícula: su misión es la de entretener y cumple con ella sin el menor lugar a dudas.

Sin embargo, hay una serie de detalles -empezando por el propio título que nos remite a todo un clásico de la ciencia ficción- que dan a entender que el proyecto no carece precisamente de una cierta ambición y presunción. Y en tal caso sí cabría discutir los defectos y virtudes del largometraje en cuestión.

A grandes rasgos, la película nos cuenta la historia de un joven científico (James Franco, candidato en la última edición de los Óscar a mejor actor por 127 horas) obsesionado con hallar una cura contra el Alzheimer, frente a la impotencia que siente ante la progresiva degeneración cognitiva de su propio padre, aquejado de esta terrible enfermedad. La línea argumental plantea el eterno debate ética vs. ciencia. El protagonista, una suerte de Víctor Frankenstein, juega a ser Dios con los medios que tiene a su alcance, a pesar de que como su propia esposa le advierte, “hay que aceptar que ciertas cosas no se pueden cambiar”. Y, naturalmente, en ese proceso de incesante búsqueda fabrica su propio “monstruo”.

Will Rodman (J. Franco) adopta al pequeño César al morir la madre de éste víctima de los resultados fallidos de un experimento realizado con un nuevo fármaco, los efectos del cual aún no son concluyentes en seres humanos, pero que en los primates suponen un aumento considerable de sus capacidades intelectivas.

El chimpancé, el organismo del cual había absorbido restos del fármaco en cuestión, crece en un ambiente humano y familiar desarrollando unas facultades extraordinarias a medida que va creciendo, que le confieren las herramientas necesarias para tomar conciencia de su lugar en el mundo y convertirse en el líder de la revolución de los simios.

César, el chimpancé de intensa mirada creado digitalmente con gran virtuosismo por la compañía neozelandesa fundada por Peter Jackson Weta Digital, responsable entre otros de los revolucionarios efectos visuales de la trilogía de El Señor de los Anillos, es la estrella absoluta de la película. Andy Serkis, un actor que tras dar vida a Sméagol/Gollum y a King Kong parece destinado a encasillarse en interpretaciones “virtuales”, presta su amplio abanico de gestos a la criatura.

Precisamente el mayor lastre de la película es la pareja protagonista, Franco y la actriz Freida Pinto (Slumdog millionaire), muy monos ellos –no literalmente, por supuesto, los simios son los otros- pero carentes de toda expresividad y sobrados de cursilería, especialmente al lado de los primates: el propio César, el orangután o el chimpancé tuerto del laboratorio (mi favorito), que ha pasado toda su vida resignadamente, aunque con resentimiento contenido, sometido a toda clase de experimentos en beneficio de la ciencia médica. Aunque en definitiva ninguna interpretación (humana) en el film merece ninguna mención especial, puesto que, tal y como dije al principio, todo está al servicio de un producto de entretenimiento estival.

Dado que cuenta con un elevado presupuesto (que recuperará con creces en las taquillas de medio mundo, sin duda), los resultados en el apartado técnico son indiscutiblemente impecables, claro está: buenas dosis de acción y tensión mantenidas por una correcta y adecuada partitura de Patrick Doyle o el ya mencionado apartado de efectos especiales.

Pero como ya insinué al principio, en mi opinión el film de Rupert Wyatt parece a ratos tomarse demasiado en serio a sí mismo, un defecto que he observado que comparten otros directores de corta trayectoria profesional que se embarcan en este tipo de proyectos (aunque al King Kong de Peter Jackson, por ejemplo, ya le sobraban pretensiones).

Por ello, a pesar de que gozará de muy buena salud en taquilla y es muy posible que sus personajes virtuales sean objeto de un cierto culto, al film le falta personalidad o vocación de clásico como para convertirse en un hito memorable de la ciencia ficción. Aunque… quién sabe: a lo mejor, ni siquiera le hace falta.

Curioso cartel chileno que hace referencia a las recientes manifestaciones estudiantiles en el país: 

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From → Cine, Meritxell

2 comentarios
  1. Asking questions are genuinely good thing if you are not understanding something
    fully, except this paragraph gives nice understanding yet.

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