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El museo imaginario de Indy

by en 5 agosto, 2011

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Ni Carter, ni Schliemann, ni Bingham. Si existe un arqueólogo que ha entrado a formar parte de nuestra memoria colectiva para siempre, ése es el doctor Henry Walton Jones Jr., más conocido como Indiana Jones… aunque ni siquiera exista y sólo sea un producto de la fértil imaginación de George Lucas.

Según su biografía ficticia, Indy nació el 1 de julio de 1899 y su interés por los tesoros perdidos y objetos de culturas remotas le fué inculcado por su propio padre, el erudito profesor Henry Jones, que en palabras del propio Indiana, parecía más interesado por personas que vivieron hace miles de años que por aquello que ocurría en su entorno inmediato. El típico sabio despistado y abstraído en su mundo, vaya.

Los rasgos más distintivos de Indy son su sombrero estilo fedora (que tomó prestado de un saqueador de tumbas en una de sus primeras aventuras), un látigo que usó por primera vez como arma para defenderse de un animal y una intachable integridad y ética profesionales, amén de la pureza de corazón propia del boy scout que fué y del héroe clásico con mayúsculas. Sus únicas debilidades son las serpientes… y las mujeres, para las que tiene un encanto y atractivo irresistibles, aunque al final siempre acabe saliendo por patas a la búsqueda de otro tesoro, de “fortuna y gloria”.

Para la construcción del personaje, Lucas, Spielberg, director, y Lawrence Kasdan, guionista de la primera arte de la saga, se basaron en films, cómics y literatura de aventuras tan en boga en los años 30. No es difícil ver similitudes entre Indiana Jones y Allan Quatermain, protagonista de Las minas del rey Salomón.

Aunque en la realidad, el oficio de arqueólogo no es ni de lejos todo lo romántico que pudiéramos pensar, tal y como nos lo presentan en la saga, el Museu Arqueològic de Catalunya ubicado en Barcelona, en un alarde de originalidad y quizás algo de autoparodia, ha decidido homenajear a este icono cultural (que bien lo merecía)
en el treinta aniversario del estreno del primer film de la saga, albergando la exposición En busca de los tesoros perdidos, sobre los “hallazgos” del entrañable arqueólogo.

Los fans de la saga reconocerán la famosa Arca de la Alianza, en que Moisés guardó las Tablas de la Ley Judaica, la piedra sagrada de Sankara, el cáliz sagrado del que, según la tradición, bebió Jesucristo en la última cena con los apóstoles, o la calavera de cristal de la fallida última parte de la saga, distribuidos por las distintas dependencias del museo sin seguir ningún orden en particular, de modo que el visitante las vaya “descubriendo”, como si él mismo fuera un explorador aventurero. En ese sentido, puede ser una muestra interesante para los niños en particular… aunque éstos también pueden sentirse decepcionados al descubrir que el número de objetos expuestos relacionados con la tetralogía, no son tan numerosos como cabría esperar.

Los comisarios de la exposición han visto seguramente en esta muestra de carácter popular, una buena herramienta para atraer al museo a otro tipo de público con el fin de que pueda apreciar también aquellos objetos de interés que acoge el lugar de forma permanente y conozca el rico estrato cultural y artístico mediterráneo.

La muestra se completa con otras actividades como conferencias o, por supuesto, la proyección de todos los títulos de la saga, todo ello incluido en el precio de la entrada.

Recomiendo, además, a todo aquel que visite el museo, detenerse a contemplar la exposición temporal Ànimes de vidre (Almas de cristal), que recoge alrededor de 350 exquisitas piezas en vidrio pertenecientes a distintas épocas históricas, que el industrial catalán Antoni Amatller  (1851-1910) reunió a lo largo de su vida.

También merece la pena el visionado de un vídeo que hace un recorrido por la historia para mostrarnos los ritos funerarios de las distintas culturas de nuestro planeta.

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2 comentarios
  1. UN INDY permalink

    Es una exposición fantástica! Me lo pasé en grande, pero ojo, yo he calculado unas 60 piezas entre grandes y pequeñas que son expuestas varias entro de una misma vitrina, como por ejemplo la referente a la Segunda Guerra Mundial con metralletas, gorros, documentos, etc.. de los nazis o lo mismo con la Guerra Fria con el cinturón, guantes, florete, etc.. de Irina Spalko y ropa del ejercito americano que utilizaron los rusos para infiltrarse en el Area 51, pero a parte hay la guerra de Tapón, el diamante de Lao Che, el sable de Indy para cortar el puente del Templo Maldito, el Diario del Grial de su padre con fotos, documentos e incluso la tablilla del grial, cuadros que salen en la peli como la cruzifixión, el salto de fe o la propia cruz de coronado… creo que no esta nada mal la cantidad de objetos expuestos dentro de un lugar tan serio como es un museo real, pero ojalá hubieran más, claro está.

  2. Meritxell permalink

    Hola!

    Quizás es que tenía unas expectativas muy elevadas y me supo algo a poco… Aunque tampoco asistí a las conferencias ni a las proyecciones, que supongo que eran lo que terminaba de redondear la muestra.

    Gracias por tu comentario! 🙂

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